Tlaxcala y su eslabón entre Palenque y Palacio.
VÍCTOR GARCÍA LOZANO
La trama tlaxcalteca colectivamente construida en torno al partido en el poder local y nacional, paulatinamente tendrá que ir dando vuelcos que hoy resultarían dramáticos, dentro de los 15 meses aún restantes para la definición de la candidatura estatal
Hay un actor que hoy no protagoniza. Que, sin embargo, comienza a asomarse en las pláticas políticas y ya comenzó a desplegar un velado trabajo político en campo, y más aún, por la fuerza de sus condiciones políticas ya toma relevancia: Óscar Flores Jiménez.
El secretario de Finanzas del Gobierno del Estado de México tiene un capital político muy fuerte; una cercanía muy estrecha con el líder de facto y fundador de morena: Andrés Manuel López Obrador.
Relación que se vuelve extensiva al hijo y heredero político del expresidente de la República, Andrés Manuel López Beltrán, actual secretario de organización del comité nacional morenista.
El manejar 500 mil millones de pesos anuales en el estado política y económicamente más importante del país debe significar un compromiso muy fuerte, confianza recíproca y confidencialidad entre el tlaxcalteca y la familia López, quienes designaron candidata en su momento a la hoy gobernadora de aquella entidad, Delfina Gómez, y posteriormente a parte del equipo que la acompañaría a ejercer el poder. Por cierto, el contador y economista manejó un presupuesto ligeramente menor en la SEP como oficial mayor en el sexenio obradorista.
Existen dudas serias en el medio político local y nacional en torno a la dinámica de decisión que se tomará a nivel central para que Morena defina sus candidatos. Algunos piensan que la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, es automáticamente jefa política exclusiva y excluyente de su partido como en los otrora tiempos del priismo.
Basta ver posiciones del gabinete presidencial, coordinaciones de ambas cámaras legislativas, y la dirigencia nacional del partido, senadores reelegidos, y candidatos a gobernador de la misma elección concurrente de la presidenta, que demuestran claramente que hay cogobierno entre palacio y palenque.
Esto apuntaría como escenario más probable que las decisiones de los candidatos a 17 entidades y renovación de la cámara baja, más todas las intermedias locales, serán compartidas.
Aunque pudiera sospecharse de tensiones entre Palenque y Palacio, ninguna parte tiene hoy la suficiente fuerza para imponerse a la otra sin que el cogobierno se vuelva en contrapesos que serían muy costosos para la contraparte. De aquí a los 15 meses que faltan para las decisiones y con problemas apremiantes como el asedio estadounidense, lo mejor para ambas partes es mantener el equilibrio y la unidad.
Si esta interpretación es correcta y concede también capacidad de negociación y decisión político-electoral a la presidenta de la República, se vuelve entonces también vital para cualquier aspirante a gobernador por Morena tener acceso y respaldo de Claudia Sheinbaum.
Quienes colocan en el radar a Óscar Flores depositan en su capital el fuerte nivel de compromiso político que este tiene con la familia expresidencial, pero muchos desconocen que tiene la ecuación completa.
Ningún tlaxcalteca aspirante a gobernador tiene acceso a Palacio y Palenque, excepto el contador. Desde antes de ser presidenta de la República y ahora como tal, Oscar Flores tiene acceso al día de hoy y consideración de Claudia Sheinbaum, por tener asignaturas especiales por parte de ella.
Algunos pocos aspirantes tlaxcaltecas alardean con tener vinculación a Claudia Sheinbaum, ninguno a la familia expresidencial. Y mucho menos hay alguien que ya haya podido manifestar en privado sus aspiraciones a ambos lados. Brutal desventaja para los protagonistas de los apenas primeros capítulos de la trama sucesoria tlaxcalteca.
