TLAXCALA CAPITAL: UN PROYECTO PERSONAL

Por José Luis Ramírez Romero

No es secreto que la clase política está desprestigiada. Y eso se refleja en las encuestas.

En un escenario tan polarizado como el que actualmente vivimos, el gran reto de los políticos es recuperar la confianza ciudadana, lograr su aprobación y acrecentar su credibilidad.

Pero ese objetivo resulta inalcanzable cuando se privilegia la imagen personal sobre la fortaleza de las instituciones, sean estas políticas o incluso gubernamentales.

El caso de la capital del estado es ejemplo de ello.

La administración que encabeza Jorge Corichi arrancó con importantes expectativas de cambio que, al paso de los meses, se han ido deteriorando a la par de la desatención de rubros fundamentales como lo son seguridad pública y eficacia gubernamental.

Un parámetro objetivo para identificar esta situación son los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU).

Esta medición, a cargo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), proporciona información trimestral relevante sobre la sensación de inseguridad por temor al delito, es decir, la percepción de inseguridad de los ciudadanos, pero también sobre la percepción ciudadana del desempeño gubernamental, lo cual es válido para efecto de evaluar en el tiempo el impacto de las acciones emprendidas por las autoridades.

Y dado que la ENSU se aplica, para el caso de Tlaxcala, en la ciudad capital, es un instrumento para calificar la trascendencia que el trabajo del gobierno capitalino tiene entre los ciudadanos.   

En el caso de la percepción de inseguridad, esta era de 49.1% en diciembre de 2021, es decir, 49 de cada 100 capitalinos consideraba inseguro vivir en la ciudad de Tlaxcala al cierre del año pasado. Para marzo de 2022, esta proporción se elevó a 56.7%, lo que indica un aumento de 7.6 puntos en este indicador en el primer trimestre, lo que resulta negativo en términos de sensación de seguridad, pues significa que el efecto de las obras, programas y acciones en la materia no lo sienten los habitantes del municipio.

Y en el caso de la percepción ciudadana sobre el desempeño de la autoridad local, también se observa que el ciudadano no siente resultados. En diciembre de 2021, 42% de los capitalinos estimaba que el gobierno capitalino era “muy o algo efectivo” para enfrentar problemas apremiantes, como atender “baches en calles y avenidas”, el “alumbrado público insuficiente” y la “delincuencia”, pero, para marzo de 2022, descendió a 29.9% la proporción de ciudadanos que consideraba efectiva la administración de Corichi Fragoso, lo que implica un decremento de más de 12 puntos en este indicador.

Este escenario supone la necesidad de cambios que modifiquen el curso de acción de la actual gestión municipal. Empero, no se identifican condiciones para que ello ocurra.

Por un lado, tenemos que el Plan Municipal de Desarrollo 2021-2024 no está alineado con el Plan Estatal de Desarrollo 2021-2027, y lo más preocupante es que ese documento carece de diagnósticos adecuados respecto a los principales problemas que enfrenta la capital. Por ello, mientras sus estrategias son verdaderos lugares comunes, sus alcances resultan muy pretenciosos, como aquello de “lograr que en los próximos tres años se sienten las bases de un desarrollo con una visión sustentable al 2050”.

Y mientras prevalece el atraso en la prestación de los servicios e infraestructura pública, el crecimiento urbano descontrolado, y el aumento de la inseguridad y la desconfianza ciudadana en sus autoridades locales, el gobierno municipal hace espacio para difundir el posicionamiento que algunas encuestas políticas le dan al alcalde morenista.

Por ejemplo, este lunes 15 de mayo difundió que “Jorge Corichi fue ubicado en el escaño número 16 de los presidentes municipales de capitales mejor evaluados del país, de acuerdo a una encuesta de la plataforma México Elige, al obtener un 49.2 por ciento de aprobación”. El pasado 16 de abril, hizo lo propio al promover que “con el 58.2 por ciento de aprobación entre la población consultada, el presidente municipal de Tlaxcala logró ubicarse en el tercer puesto de un estudio profesional realizado por la empresa Consulta Mitofsky”.

El problema en ambos casos es que se trata de propaganda gubernamental con promoción personalizada que prohíbe la ley. En el afán de presumir notas reprobatorias, pasa por alto que el artículo 134 de la Constitución federal señala que la propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difunda cualquier ente de los tres órdenes de gobierno, debe tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social, por lo que, “en ningún caso incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”.

La Presidencia Municipal de Tlaxcala ha resultado una posición decisiva para quienes aspiran a prologar su carrera política. No en vano, ha sido paso obligado para personajes que a la postre se convirtieron en Gobernadores o legisladores federales. Y si bien es respetable que los proyectos personales aprovechen las posiciones para lograr proyección, es un despropósito que esto se haga a costa del desarrollo del municipio.

Encuestas como las de México Elige o Consulta Mitofsky pueden servir para generar fuera del estado una percepción de aceptación ciudadana; sin embargo, esa circunstancia contrasta con mediciones que califican el trabajo institucional, como la del Inegi.

Por el bien de los capitalinos, y en memoria de los compromisos asumidos en campaña, más vale que el Presidente Municipal de Tlaxcala ponga los pies sobre la tierra, porque más allá de sus legítimas aspiraciones, lo que los habitantes de la capital quieren apreciar son sus resultados en el ejercicio de gobierno, y estos siguen faltando.