OpiniónPORTADA

Inseguridad: fenómeno mal entendido y parcialmente abordado

Por José Luis Ramírez Romero

La comparecencia del titular de la Segob en el Congreso local hizo evidentes las razones por las que el escenario de seguridad pública en Tlaxcala no atraviesa por el mejor momento.

El fenómeno de la inseguridad no es bien entendido y, por lo tanto, es parcialmente abordado.

Las diversas participaciones en tribuna de los legisladores locales hicieron de la presencia del responsable de la política interna del estado un momento de lucimiento personal, y no la oportunidad para contraer compromisos de mejora institucional en esta materia.

El Poder Legislativo es corresponsable de la tarea de garantizar seguridad a los ciudadanos, porque, como órgano constitucional del Estado, ostenta representación popular y es responsable de generar normas con rango de ley.

Sin embargo, esta función pasó a segundo plano cuando sus integrantes mostraron más interés en fijar posicionamientos políticos a favor o en contra del trabajo del actual gobierno en materia de seguridad, que en proponer modificaciones a la política de seguridad en el estado desde su soporte normativo.

Sería ocioso enumerar los planeamientos de los diputados que abordaron tribuna para plantear cuestionamientos al Secretario de Gobierno, porque, salvo alguna excepciones, la mayoría cayó en un lugar común: su percepción del fenómeno de la inseguridad, la cual, para variar, no tenía más sustento que sus filias y fobias partidistas, y la lectura de algunas notas periodísticas.

No hubo quien se animara a exponer diagnósticos o estudios, o al menos interpretar tendencias estadísticas, pese a que es bien sabido que lo que no se mide, no se puede mejorar; y lo que no se mejora, se degrada siempre.

Las intervenciones del titular de la Segob sirvieron para entender que el actual gobierno tiene frente a sí un reto importante, pues si las estrategias de seguridad muestran limitaciones es, porque, de origen, urge un esquema integral de seguridad pública.

Como lo expuso el funcionario estatal, prevalecen en Tlaxcala problemas de coordinación entre niveles de gobierno, lo que provoca que los esfuerzos institucionales estén articulados deficientemente.

Además, el foco de los empeños gubernamentales se centra en la acción policial, no en el engarzamiento de las políticas sociales con las de seguridad, las cuales se llevan a cabo de manera paralela y de modo vertical, no trasversal, lo que limita la participación de los ciudadanos desde sus comunidades.

Se requiere estudiar y desarrollar formas para combatir la inseguridad desde la identificación de las variables que inciden en la violencia y la inseguridad, como la pobreza y la marginación, la violencia intrafamiliar, las actividades pandilleriles, la incursión de grupos delincuenciales organizados; la disponibilidad de armas, drogas y alcohol, el bajo estado de fuerza policial y su insuficiente acceso a equipamiento e infraestructura, la deficiente procuración de justicia y los niveles de impunidad, la falta de fomento a una cultura de la legalidad y la escasa organización comunitaria ante el deterioro del tejido social.

Estos son algunos de los elementos más visibles que inciden en la seguridad pública, pero en la medida en que no se reconozcan ni se aborden de manera integral, como se exhibió el pasado martes, el fenómeno de la inseguridad únicamente servirá de pretexto para realizar comparecencias ociosas, carentes de autocrítica, pero repletas de llamados ingenuos y fotos para perfiles de redes sociales.

Al final, se supuso que se cumplieron las formalidades, en medio de un ejercicio sin procedimiento protocolizado. No obstante, la formulación de compromisos públicos para fortalecer corresponsablemente la política estatal de seguridad quedó pendiente.

Ante la añosa inercia de acciones que han demostrado poca eficacia, o la prevalencia de actitudes motivadas en proyectos personales y no en causas colectivas, se requieren propuestas innovadoras y auténticas voluntades políticas a prueba de simpatías o aversiones partidistas. ¿Los diputados están a la altura de ello?