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Fotógrafa mexicana gana el premio Ortega y Gasset

La mexicana Sáshenka Gutiérrez, ganadora el pasado miércoles del premio Ortega y Gasset en la categoría de mejor fotografía, es una fotorreportera confiada en que la honestidad es la clave para lograr buenas imágenes.

La obra premiada es una imagen de Sandra Monroy, paciente de cáncer sometida a una mastectomía bilateral que le salvó la vida, una imagen, que según el jurado, captura un momento de máximo dolor, en el que la herida es todavía reciente, y aun así logra transmitir esperanza.

Es Sáshenka una mujer menuda que asume su oficio como una deportista profesional. Antes de la pandemia corría más de una hora sin parar y aunque ya bajó la intensidad, lo compensa con entrenamientos de pesas para fortalecer su espalda y poder cargar equipos de hasta ocho kilos.

Entre sus colecciones de fotos más completas está la de la Premio Cervantes de literatura Elena Poniatowska. No es casual; como el personaje Lilus Kikus de la primera novela de la escritora, que mira por horas cómo un gato juega con su cola, Sáshenka está obsesionada con el arte de observar.

Hace un año la policía la detuvo en el metro de la capital junto con otras compañeras horas antes de una protesta feminista. En vez de lamentarse, en el momento de apuro hizo lo que más la apasiona: tomar fotos a los agentes.

Que Sáshenka siente una seducción por el peligro lo dicen su trabajo y lo atestiguan sus compañeros. Un ejemplo de la profesionalidad de Sáshenka fue lo vivido en el terremoto de 2017 en Ciudad de México. Se fue al lugar de los derrumbes, sin saber si su casa seguía en pie y su familia viva.

Sobre las mayores dificultades de ejercer el fotoperiodismo en México, Sashenka Gutiérrez asegura que “diario nos enfrentamos a situaciones distintas. A pesar de todos los años que llevo de carrera, siento que no hay un solo día en el que no deje de aprender”.

Recuerda la marcha del 8M de 2021 como una de las experiencias más difíciles. “Antes de la manifestación fui detenida y, en algún momento, privada de mi libertad junto a otras compañeras. Fue triste y humillante ver a mis colegas, las fotógrafas de otros medios, esposadas y tiradas en el piso. Es una de las situaciones más fuertes que he vivido en primera persona”.

Con infromación de: EL UNIVERSAL, AS Y NATGEO