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EL BISONTE AMERICANO REAPARECE EN SONORA CON UNA NUEVA CRÍA TRAS DOS SIGLOS DE AUSENCIA

El nacimiento, fruto de un proyecto binacional que trasladó decenas de ejemplares a una reserva en la frontera, refuerza una recuperación ecológica que avanza pese al narcotráfico, las sequías extremas y la pérdida histórica de pastizales en la región

El bisonte americano vuelve a asomarse en Sonora con la llegada de una nueva cría, convertida ya en símbolo de una larga batalla por la conservación de su especie. Tras más de 200 años sin registros de nacimientos, el bisonte —una hembra nombrada Lista, en homenaje al biólogo mexicano Rurik Hermann List— nació el 28 de abril en la reserva Cuenca Los Ojos, en condiciones silvestres y sin intervención humana, aunque con monitoreo constante a distancia. Ya que varias hembras de la manada están preñadas, se prevé que lleguen varias crías más en los próximos meses, durante la temporada de nacimientos que abarca de abril a junio.

Apenas en febrero, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas había trasladado 29 bisontes —19 hembras y 10 machos— a la reserva ubicada en las proximidades de la frontera entre México y Estados Unidos. La operación fue parte del proyecto Bisonte, que busca expandir y fortalecer la población de la especie en predios privados que cuentan con las especificaciones técnicas necesarias para su conservación.

El bisonte americano (Bison bison) es una especie emblemática de los pastizales de Norteamérica, cuya distribución original abarcaba también el norte de México. La caza sin control y la modificación de su hábitat provocaron que desapareciera en vida silvestre en el país a comienzos del siglo XX. Este animal, que poco a poco recupera presencia en la región, juega un papel vital en la restauración de su ecosistema, ya que su actividad natural dispersa semillas, moviliza los nutrientes del suelo y favorece la regeneración natural del terreno.

Una nueva generación de bisontes

El nuevo nacimiento llega después de casi dos décadas de esfuerzos para reintroducir y consolidar poblaciones de bisonte americano en el norte del país. En la Reserva de la Biósfera de Janos, en Chihuahua, se mueve hoy la manada más grande de México: alrededor de 500 ejemplares que descienden de los 22 bisontes puros que llegaron hace 17 años como parte de un proyecto binacional de protección y reintegración. Aquella apuesta, concebida cuando el animal se creía extinto en suelo mexicano, abrió la puerta a una restauración ecológica que ahora empieza a dar señales visibles también en otros puntos de la frontera, como Sonora.

La recuperación del bisonte es, al mismo tiempo, una historia de resistencia en uno de los territorios más castigados por la violencia del narcotráfico. Janos y la franja que comparte con Sonora han sido escenario en los últimos años de decomisos de droga millonarios, hallazgos de fosas clandestinas y masacres como el ataque contra miembros de la familia LeBarón en 2019, a pocos kilómetros de la reserva.

En esa región marcada por el crimen y las patrullas del Ejército, las manadas se desplazan como una anomalía: animales que sobreviven a las balas, al muro fronterizo y a las sequías extremas que resecan los pastizales. De los entre 40 y 50 millones de bisontes que se calcula llegaron a pastar en América del Norte, a finales del siglo XIX quedaban apenas unos 300 ejemplares. El nacimiento de esta nueva cría —y de las que se esperan en los próximos meses— inyecta un aire de supervivencia y optimismo a un ecosistema que, durante décadas, pareció definitivamente perdido.

FUENTE: EL PAÍS

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