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CONMEMORAN 100 AÑOS DE LA GUERRA CRISTERA EN MANTO DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD

Este año las bordadoras del atuendo para “La Noche que Nadie Duerme” plasmaron palmas, granadas, cruces y la frase “Viva Cristo Rey” como símbolo de la resistencia católica de 1926, y para honrar a los más de 250 mil fallecidos durante el conflicto que duró 3 años

Por: Miguel Ángel Lara

Al cumplir 63 años de tradición, el bordado del Manto y el Vestido para la Virgen de la Caridad en Huamantla, está enfocado en conmemorar 100 años del inicio de la Guerra Cristera en México, un conflicto armado que surgió por el intento de censura hacia la iglesia católica.

El grupo de personas bordadoras elaboró con hilos de oro y canutillo, durante más de 3 meses, hojas de palma, frutos de la granada, cruces y la frase “Viva Cristo Rey” para honrar a los más de 250 mil fallecidos durante el conflicto armado que duró tres años entre el Clero y el gobierno.

“Este años estamos conmemorando 100 años del inicio de la Guerra Cristera de 1926; el Manto y el Vestido de la Virgen de la Caridad están enfocados en ese tema, para conmemorar la fecha hemos plasmado hojas de palma que representan la victoria, tallos y ramas doradas que representan a los mártires de la guerra, granadas que con el color rojo hacen alusión a la guerra y a su vez los granos de la fruta representan la unidad de la iglesia para defender la fe”, señaló Elvira Hernández, coordinadora del grupo de bordadoras.

Cada año, las encargadas de mantener viva esta tradición tienen la encomienda de elaborar el atuendo que la Virgen de Huamantla lucirá durante el recorrido por las calles de la ciudad la madrugada del 15 de agosto; la temática de los atuendos va ligada a alguna fecha o acontecimiento importante para la comunidad católica.

Otras veces esta temática se alinea a la solicitud de la persona o las personas que donarán la vestimenta, pues cabe recordar que el Vestido y el Manto son donaciones que ciudadanos, empresarios e incluso artistas hacen a la Virgen como muestra de fe, agradecimiento o devoción.

Para este 2026 se prevé que el bordado y armado de las piezas concluya mañana, toda vez que el miércoles a las 8:00 de la mañana se realizará la misa para entregar las prendas, posteriormente la Virgen es bajada del altar principal para una segunda misa al mediodía, cuando se le cambie su vestimenta.

La imagen permanecerá luciendo su vestido nuevo hasta la noche del viernes, cuando nuevamente se realice una celebración eucarística y, en punto de las 00.00 horas del viernes, comience el recorrido por las calles alfombradas para celebrar “La Noche que Nadie Duerme”.

La Guerra Cristera, motivo del Manto y el Vestido de la Virgen de la Caridad de este año, fue un conflicto armado civil en México que se extendió desde 1926 hasta 1929. Se originó por el choque entre el Estado laico radical y milicias de ciudadanos católicos rurales.

Estos últimos se levantaron en armas para defender su libertad de culto tras las severas restricciones impuestas por el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles.

En su redacción, la Constitución de 1917 limitó la personalidad jurídica de la Iglesia y prohibió al clero participar en la política; el presidente Plutarco Elías Calles modificó el Código Penal para clausurar escuelas católicas, expropiar bienes eclesiásticos y forzar el registro estatal de los sacerdotes.

Como protesta masiva a la ley, el episcopado mexicano ordenó cerrar los sagrarios y suspender las misas en los templos por primera vez en cuatro siglos, lo que provocó una enorme indignación social. El movimiento rebelde adoptó el lema «¡Viva Cristo Rey!» y se organizó formalmente mediante la Liga Nacional para la Defensa de las Libertades Religiosas.

Aunque el ejército federal gozaba de superioridad en armamento, la insurgencia cristera implementó tácticas de guerra de guerrillas efectivas. Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco jugaron un rol decisivo en el contrabando secreto de municiones, víveres y correspondencia. Al final resultaron más de 250 mil personas fallecidas.

La guerra terminó formalmente el 21 de junio de 1929 gracias a los llamados «Arreglos» negociados entre el presidente interino Emilio Portes Gil y las jerarquías eclesiásticas, bajo la mediación diplomática de los Estados Unidos.

Se decretó una amnistía para los rebeldes y la reapertura inmediata de las iglesias. Aunque las leyes restrictivas no se derogaron formalmente, el gobierno mexicano dejó de aplicarlas de forma estricta.