Con amenazas de muerte “corren” a reporteros de iglesia de Xochitecatitla
“Borra lo que tienes o te quitamos el teléfono y te echamos al pueblo”, expresaron los fiscales a la hora de pedir a una reportera que saliera de la misa donde el sacerdote habló sobre lo ocurrido en aquella comunidad
Miguel Ángel Lara
Fiscales de San Miguel Xochitecatitla, en Nativitas, amenazaron de muerte, también de linchamiento, a un par de reporteros que intentaron documentar y obtener una declaración del sacerdote del lugar, Hugo Hernández.
Las amenazas ocurrieron dentro del templo donde veneran a San Miguel, mientras el presbítero oficiaba una misa y dos fiscales del templo le asistían para la eucaristía.
Después del sermón en el que el cura se refirió indirectamente al linchamiento ocurrido unas horas antes, ambos fiscales dejaron sus actividades en el altar mayor para acercarse a una reportera y a un reportero, de quienes por razones de seguridad se reserva su identidad.
Uno de los fiscales le indicó a la reportera que no podía grabar nada de lo que decía el padre; además, bajo amenazas le exigió borrar todo lo que ya había recopilado.
“Aquí no puedes gabar, borra todo lo que ya grabaste o te quitamos el teléfono. O lo borras o llamamos al pueblo, ya viste que ya lincharon a uno. También vino otro reportero y lo corrimos, aquí no pueden grabar porque los linchamos”, dijo el fiscal de la iglesia.
Junto con su compañero, rodearon a la reportera frente al atrio de la iglesia y no la dejaron libre hasta que ella borró, frente a ellos, las imágenes que había filmado del sermón del sacerdote.
Las amenazas y hostigamientos sucedieron a la vista del párroco que continuaba con la misa mientras hacía alusión a la muerte de una persona, linchada por los pobladores.
La intención de no permitir que los medios de comunicación tuvieran acceso a declaraciones que pusieran en riesgo a quienes participaron en el linchamiento fue obvia, al amedrentar a por lo menos 3 reporteros que llegaron hasta el lugar para conocer la verdad, aunque también quedó en evidencia que están dispuestos a utilizar el poder que ostentan como autoridades eclesiásticas para incitar a la violencia si consideran que sus intereses se ven amenazados.