OpiniónPORTADA

TRASCENDIDO / HUAMANTLA NO CEDE AL CHANTAJE

El presidente municipal de Huamantla, Salvador Santos, ha tomado una decisión importante para asegurar la estabilidad de las finanzas municipales.

La semana pasada, reconoció que el gobierno municipal no puede sostener la plantilla de más de 120 trabajadores sindicalizados, quienes representan una carga económica severa.

Como era de esperarse, el Sindicato 7 de Mayo reaccionó y amaga con llevar a huelga un asunto que, si bien tiene que ver con la defensa de derechos laborales, también implica un ejercicio puntual de transparencia para determinar el mérito de sus llamadas “conquistas”.

En Huamantla, los trabajadores de base son los mejor pagados, pero los que, en los hechos, no han probado ser los más eficientes, en buena medida por su idea de “perpetuidad” en el trabajo.

A diferencia de los trabajadores de contrato o de confianza, en quienes recae la mayor responsabilidad del funcionamiento de la administración municipal, los de base se rigen por parámetros del mínimo esfuerzo. Y esa realidad prevalece en otros municipios y poderes.

Realmente, los huamantlecos deberían valorar que al fin un presidente municipal se decidiera a cuidar el gasto corriente, tratando de desactivar una bomba de tiempo como son las crecientes prestaciones de los basificados.

¿O acaso están de acuerdo en que los trabajadores de base perciban dos pagos adicionales al año, parecidos a un aguinaldo, porque equivalen a 41 días de trabajo? ¿Están a favor del pago de la prima quinquenal, o de pagos absurdos como la celebración del día de trabajador municipal?

La actitud de Santos Cedillo de no ceder a los chantajes es la que se requiere para gobernar y ejercer autoridad. Su determinación no es sencilla, pero la situación es realmente insostenible, y en el futuro promete colapsar las finanzas municipales.

Ojalá otros alcaldes tomen nota y analicen su propia situación. El recurso público, provenientes de los impuestos de todos, debe inyectarse en educación, salud, y obras. El pago al personal debe ajustarse a la dimensión social del municipio, para evitar los privilegios, más aún cuando estos no se traducen en eficiencia y eficacia.